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ISSN 1989-4163

NUMERO 31 - MARZO 2012

Yo También Quiero 700 Millones

Joaquín Lloréns

Hace muchos años que contemplamos con cansancio y aburrimiento la pantomima de los denominados “agentes sociales” y su sainete de “vamos a negociar la reforma laboral”, que ya parece el estribillo de una mala canción. Sindicatos y patronal han ido perdiendo a lo largo de los lustros afiliados, relevancia y representatividad. Sus "Halte!", "Allez!", "Touché", etc. que amagan para hacernos creer que sus enfrentamientos son esgrima real no logran evitar que todos percibamos que sus estoques tienen bolitas protectoras para no hacerse daño y que sus continuos combates dialécticos, siempre retransmitidos por los medios con aparente interés, se limitan a unos teatrales asaltos de pressing-catch, o lucha libre de mis tiempos mozos, donde todo es puro vodevil y nadie trata verdaderamente de golpear a su contrincante.

Y es que a estas alturas, es más lo que une a los grandes sindicatos y las patronales de lo que les separa. Y lo que les une es ni más ni menos que el dinero. El dinero, no ganado por el esfuerzo del obrero trabajador o el emprendedor creador de riqueza, sino el dinero de las subvenciones; el dinero que los trabajadores pagamos al Estado para que, en teoría, mantenga el estado del bienestar y promueva la igualdad social.
En su último simulacro de combate previo a la reforma laboral que ha decretado el Gobierno, el único acuerdo relevante ha sido el de decir que los asuntos laborales son “competencia exclusiva de los agentes sociales” (Fernando Lazcano de CCOO dixit), así como el asunto de los convenios colectivos. ¡Cómo no! Si es la disculpa que mantiene su existencia, tan anacrónica como la de la patronal. Y gracias a ese paripé cobran pingües cantidades a cargo de las arcas del Estado.

Encima, tras el decretado de Rajoy y compañía, además de rebajarnos a los trabajadores los días de indemnización por despido -¡Qué magníficos titulares y debates indignados en la red y qué poco podemos hacer al respecto! Da gusto verlos ahora manifestándose porque se rebaja la indemnización por despido a 33 días por año. ¿Dónde estabais cuando Zapatero decretó hace un año y pico que a mí y a otros miles de trabajadores nos pudieran despedir con 20 días por año?-nos enteramos de que, hasta ahora, sindicatos y patronal, recibían en exclusiva ¡700 millones de euros! para formación de trabajadores y parados. ¿Por qué estas prebendas? ¿Cuántos millones de euros nos cuesta a los trabajadores a pie el mantenimiento de esta ficción de “agentes sociales” que nunca resuelven nada, que se pasan año tras año haciendo como que discuten los intereses de los trabajadores y los empresarios –en su gran mayoría pequeños autónomos-, pero cuyo trasfondo de prebenda es evidente para cualquier observador con algo de memoria? ¿Cuántos millones de euros de beneficios tienen anualmente estos parásitos a costa de dar cursos en exclusiva que, en muchos casos, son de un nivel infame? ¿Cuántos miles de cuentistas viven gracias a este absurdo teatro de los “agentes sociales”?

Porque, entendámonos. No es que la patronal y los sindicatos hagan ellos mismos los cursos de formación creando puestos de trabajo. No. En la mayoría de los casos, son empresas privadas o autónomos los que llevan a cabo dichos cursos, facturando a patronal y sindicatos por ello y estos, cobrando por ello al Estado. Lo sé de buena fuente, ya que yo he impartido en el pasado unos cuantos. Y a cambio, dichos “agentes sociales” se quedan con un importante porcentaje de lo pagado por los fondos de formación. Si fuera el 20% -y estoy seguro de que me quedo corto-, nuestros inútiles “agentes sociales” se han quedado cada año, por su mero trabajo de intermediación, con unos 140 millones de euros. Y luego tienen la desfachatez –una más- de hablar de especuladores y mediadores, cuando, tanto sindicatos como patronal, son uno de los grandes exponentes de cómo aumentar el costo de los servicios sin aportar ningún valor a los mismos.

Estamos inmersos en una farsa que, tras tantos años, cansa. Las patronales sólo buscan su propia riqueza; los sindicatos sólo buscan su propio aburguesamiento y, parafraseando al visir iznogud: “Quieren ser califa en lugar del califa”. Y todo ello, mantenido por unos partidos políticos que han perdido su ideario y que se compinchan con patronal y sindicatos para repartirse miles de millones de euros que disimulan tras el vodevil mediático en el que yogi, bubu y pantagruel se nos presentan día tras día en esa pantomima que jamás llegarán a ningún acuerdo para el bien común.

Y yo me pregunto: ¿Por qué no a mí? ¿Por qué no me entregan a mí esos 700 millones de euros? ¿Es que acaso yo, trabajador de a pie, no soy “agente social”? Si la respuesta es que yo no represento a nadie, ellos tampoco lo hacen, salvo a ellos mismos y a sus espurios intereses propios. Que digan que sí representan, no es suficiente para que sea verdad. Aunque estamos acostumbrados a la táctica de repetir miles de veces una mentira para que acabe siendo verdad, no les cuela ya. ¿Acaso yo seré capaz de tomar alguna decisión o llevar a cabo algún acto que cambie ese status quo que tan bien les viene a nuestros chupópteros profesionales? Eso intento ahora. Nuestros vividores gandules, que se cuentan por miles y que cobran sueldos millonarios y jubilaciones escandalosas de consejos de administración en cajas de ahorros, congresos y senados, no quieren cambiar ni un punto de la actual situación.

“Sigamos exprimiendo a los trabajadores y a los pequeños empresarios y autónomos”, es el eslogan del Gobierno y los monopolios, y lo están llevando hasta sus últimos extremos. Pero eso sí, que a los “agentes sociales” no les quiten sus multimillonarias subvenciones, que si no, sus hijos no podrán comer su caviar de cada día, al que ya se han acostumbrado.

Yogi, Bubu y Pantagruel

 

 

 

 

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